30/8/08

EL VACIO NO VACIA EL VACIO DA


Occidente, en su momento formativo, en Grecia, hizo una clara opción por lo lleno, por el delirio que se hizo historia de intentar suturar todas las fisuras, todos los abismos… todo lo que vivimos como amenaza: allí donde no hay nada no podemos ejercer control, poder. Es lo que se llama el horror vacui, horror al vacío.

Otra tradición, ve el vacío como bendición: como fuente. Allí donde nada hay puede estar todo, todo cabe. Desde la mano del mendigo hasta el abismo más profundo. El vacío es fuente y disposición a la vez, pide y da, a él llega todo. Es lo que intenté decir en mi libro Poéticas del vacío: el vacío no vacía, el vacío da. Esa otra tradición, esa marginalidad la recorrió siempre la mística y algunas formas del arte, suele llamársele vacío, desierto, noche, desnudez… Siempre lo mismo, lo abierto, aquello sobre lo que no se rebota, de lo que no se regresa.


La vida de todos, antes que nos arropemos con los disfraces, los roles de cada día, con aquello que nos diferencia. Vacío, noche, silencio, no es alejado de la vida, es su interior, es la vida, no lo que hacemos con ella, el usufructo que le arrancamos. Creo que es de esa vida de la que tenemos sed, lo que deseamos en medio del ruido que nos priva del silencio, nos priva de escuchar; quizá también deseamos el vacío sin el cual sólo podemos amontonar, apilar, no danzar y la noche, ese recogimiento de todo sobre sí, ese borrar los bordes, o, como digo en un poema: «ver la noche no es no ver, es ver la noche». Quizá haya más que lo que la luz ilumina, lo que ya está, lo que ya no nace.


Palabras de Hugo Mujica


me las encuentro en el vacío y me llenan de luz!

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